Tus clientes reservan solos desde el móvil, a la hora que les venga bien, y reciben recordatorios automáticos antes de cada cita. Tú te dedicas a tu negocio mientras la agenda se organiza sola.
Entra en tu web, ve tus huecos libres reales y elige el que le encaja, aunque sean las 11 de la noche. Sin llamadas, sin esperas, sin ir y venir de mensajes.
Antes de la cita le llega un aviso al móvil. Si no puede venir, cambia la hora o cancela con un toque y ese hueco queda libre para otro cliente.
Cada mañana ves tu día cuadrado: quién viene, a qué hora y cuántas plazas quedan. Todo ordenado sin que hayas movido un dedo.
Marta, fisioterapeuta, perdía 6-8 citas a la semana entre gente que no aparecía y cancelaciones de última hora avisadas por WhatsApp cuando ya era tarde. Cada plantón era una camilla vacía de 40€ y media tarde al teléfono intentando recolocar huecos.
Con la reserva online y los recordatorios automáticos, los plantones bajaron a 1-2 por semana: la mayoría cancela con tiempo y el hueco se vuelve a ocupar solo. Marta recupera unos 350€ al mes y ya no dedica ni un minuto a confirmar citas por teléfono.
Las clases se apuntaban por WhatsApp y en una pizarra: spinning con 25 apuntados para 18 bicis, gente enfadada en recepción y, a la vez, clases de mañana medio vacías porque nadie sabía que quedaban plazas.
Ahora cada clase tiene su aforo cerrado: cuando se llena, se llena, y si alguien cancela entra el primero de la lista de espera. Cada socio llega con su entrada QR en el móvil, las broncas por overbooking desaparecieron y la ocupación media subió del 60% al 85%.
Tu web enseña tu agenda real, con tus horarios y tus servicios, y el cliente reserva solo a cualquier hora del día. Antes de cada cita le llega un recordatorio automático al móvil, y si no puede venir la cambia o la cancela él mismo, dejando el hueco libre para otro. Resultado: muchos menos plantones, cero llamadas para confirmar y la agenda siempre al día, por 40€/mes.
Una clienta reserva su sesión el domingo a las 23:00 desde el sofá, el martes le llega el recordatorio y el miércoles entra puntual por la puerta sin que tú hayas descolgado el teléfono.
Pensado para clases, actividades y eventos con plazas limitadas: defines el aforo de cada sesión y el sistema cierra las reservas cuando se llena, con lista de espera automática si alguien cancela. Cada asistente recibe su entrada con código QR, que se escanea en la puerta en un segundo para controlar quién entra y quién no. Por 45€/mes te olvidas del overbooking, de la pizarra y de las listas en papel.
En tu clase de yoga de las 19:00 hay 12 esterillas: la persona número 13 ya no puede reservar, se apunta a la lista de espera y cada alumno enseña su QR al entrar.
Convierte clientes sueltos en clientes fijos: vendes bonos de sesiones cobrados por adelantado (por ejemplo, 10 sesiones a precio especial) que se descuentan solos con cada visita. El cliente ve en todo momento cuántas sesiones le quedan y recibe un aviso cuando el bono se acaba, justo en el momento perfecto para renovar. Por 35€/mes tienes ingresos asegurados por adelantado y clientes que vuelven una y otra vez.
Tu clienta compra un bono de 10 masajes, cada visita se descuenta sola y, al gastar la novena sesión, le llega un aviso para renovar antes de quedarse sin plaza.
Sí, porque no les obligas a nada: quien quiera puede seguir llamándote y tú apuntas la cita en la misma agenda. La reserva online es un canal más, no el único, y los recordatorios les llegan igual al móvil, que eso lo entiende todo el mundo.
Nosotros lo dejamos montado con tus horarios, tus servicios y tus precios: tú solo nos cuentas cómo trabajas. En una o dos semanas estás recibiendo tus primeras reservas.
Sin permanencia: es una cuota mensual y la cancelas cuando quieras, sin letra pequeña. Eso sí, cuando dejes de perder citas por plantones, dudamos que quieras volver atrás.